Estos días nostálgicos de maratones de Harry Potter reparo en un objeto que me resulta muy curioso, el Espejo de Oesed. Ese en el que el protagonista primero ve a sus difuntos padres y después se ve a sí mismo con la piedra filosofal. Que interesante, un objeto que te muestra el deseo más desesperado de tu corazón. De tenerlo podríamos perseguir solo aquello que nos hace más felices. Aquello que es el fin de nuestra vida.
El problema surge cuando me pregunto que vería yo en él. Podría ser un placer material. Eso me dolería bastante. Pero no, no creo que fuese algo tan fácil de adquirir como comprándolo. No, creo que tengo una idea aproximada de lo que es. Pero sabiéndolo, todo se complica aún más. ¿Vería a alguien concreto o vería simplemente a una persona acompañándome? Incluso de salirme alguna persona no estoy seguro de a quién vería, tal vez incluso podría ser gente que pertenece al pasado.
Al final todo me lleva a una pregunta que me planteo desde hace tiempo: "¿Quiero a alguien o quiero una pareja?
"Cualquiera puede simpatizar con las penas de un amigo, simpatizar con sus éxitos requiere una naturaleza delicadísima." Oscar Wilde
jueves, 28 de julio de 2011
lunes, 4 de julio de 2011
Efecto placebo
Es curioso, tengo un carácter especial, siempre pienso dos veces antes de dar cada movimiento. Me pongo nervioso al tener las conversaciones más cotidianas. Me tomo fatal cualquier gesto o muletilla que detecto distinta en los demás, pienso que les ocurre algo conmigo. Supongo que cuando conozco a alguien, a esa persona le debo parecer alguien terriblemente callada y reservada. Aunque realmente soy todo lo contrario, por lo menos, con lo primero. Todo por ese consabido miedo absurdo e infantil a hacer el ridículo. A un ridículo que no hago. O que más bien hago intentando evitar otro.
Y digo que es curioso porque una vez, no hace mucho, conseguí despojarme de esta parálisis. En realidad me despejaron mediante el engaño, pero no concretaré por no generar discordias innecesarias.
El caso es que fui yo mismo, porque no temía el fracaso. Todo fue bien y aquello fue la dosis de autoestimaconfianza que necesitaba.
Recientemente descubrí que realmente había hecho el ridículo, por una vez, pero eso sí, lo bien que me lo pasé aquella noche ya no me lo quita nadie.
Recientemente descubrí que realmente había hecho el ridículo, por una vez, pero eso sí, lo bien que me lo pasé aquella noche ya no me lo quita nadie.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)