Entre tus luces de neón verde,
me perdería.
Orientarían mis pasos, el rojo
de tus mejillas
por campos de trigo tostado hacia
tu voz erudita.
¡Por eso eres la primera luz que entra
por mi rendija!
Vëo que tus manos tiemblan y no solo
porque estén frías.
Ahora comprendo aquel destello
de tu sonrisa.