Poco a poco, me voy resignando. Me pongo un abrigo y salgo a la calle. Entonces un rayo de sol se abre paso entre las nubes y en ese momento el viento se para. Me llega el calorcillo. Me confío y me suelto un poco la bufanda. Una vez más, el cielo se cubre y el frío me cala el alma. He caído en la misma trampa que todos los días. Ahora solo me queda ajustarme más la bufanda y seguir mi camino.
No hay comentarios:
Publicar un comentario