"Cualquiera puede simpatizar con las penas de un amigo, simpatizar con sus éxitos requiere una naturaleza delicadísima." Oscar Wilde

miércoles, 9 de febrero de 2011

"La historia la escriben los vencedores" A. Buenafuente

Es increíble lo rápido que puede pasar alguien de ser un "salvador de la nación" a ser un "enemigo de la nación". Permítanme referirme al ejemplo más recurrente, 1939. A partir de esa fecha, una guerra pasó a ser una "santísima cruzada de  liberación". Y sus cabecillas a libertadores.
Tanto es así que cuesta imaginarse un mundo en que los mayores monstruos hubieran triunfado. Una vez más voy a ejemplificarme con lo más evidente. Imagínen que las potencias del eje hubieran ganado la contienda. Probablemente habría habido un período del terror. Pero tal vez después la tranquilidad hubiera vuelto a Europa y pensáramos que ese era el bando correcto. Puede que ahora los monstruos fuesen Churchill, De Gaulle, Roosevelt y Stalin. Y con estos dos    últimos sucedió la mayor de las ironías. Las dos grandes potencias aliadas para luchar contra el mal (para ellos) se enfrentaban las décadas posteriores en la absurda Guerra Fría. Y por motivos parecidos. Y bueno gulags y campos de concentración no, pero en EE UU sabemos todos que nunca ha habido santos.
Al final, salvo unos cuantos locos, todos los mandatarios han sido buenos y malos en distintos aspectos. Pero lo que muchos tendrían en común es que, de  un  modo u otro, querían lo mejor para su país

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